¿Cómo sumamos 1.4 millones de mexicanos deportados con Obama?

Por: Alexis Cherem (@lexielex) y Jessica Zarkin (@jesszark)

Mientras que en 1998 del total de aprehendidos el 91% fueron detenidos cruzando la frontera sur, en 2012 apenas representaron el 55%. El target del actual gobierno, como lo revela el dato anterior, ya no son los miles de migrantes indocumentados que intentan cruzar la frontera tratando de perseguir un sueño (que hay que especificar son cada vez menos), sino aquellos migrantes que llevan años en Estados Unidos, que tienen un trabajo al que van todos los días, que tienen una familia que mantener, amigos que visitar y toda una vida por delante que vivir. Los efectos perversos del endurecimiento de la política fronteriza son considerables. El flujo migratorio se movió a zonas desérticas más peligrosas, llevando a más muertes en la frontera y desincentivando a que los migrantes que viven en Estados Unidos regresen a su país de origen –rompiendo así el ciclo natural de la migración. Además, se incrementaron el número de deportaciones con consecuencias criminales o administrativas (casi el doble en los primeros cuatro años de la presidencia de Obama comparado a los últimos cuatro años de Bush). Y, finalmente, crecieron el número de deportados a causa de crímenes menores, por ejemplo, pasarse un alto. Todo esto tiene implicaciones importantes para los países expulsores de migrantes a Estados Unidos, y ni que decir de México. De los casi 2 millones de deportados en lo que va del gobierno de Obama, más del 70% son mexicanos. Seguridad fronteriza, aprehensiones y muertes… Sí sólo nos quedáramos con los datos de aprehensiones (tanto en la frontera como al interior de Estados Unidos) la historia que hoy narramos sería completamente distinta. En efecto, hoy hay menos aprehendidos que antes, pero una proporción mucho mayor de éstos son deportados. 1 Con una tendencia a la baja y una visión reduccionista, uno podría concluir una de dos cosas: o que los operativos como Operación Bloqueo funcionaron en frenar la migración ilegal en la frontera o que el gobierno está dejando de buscar activamente a los ilegales. Sin embargo, ninguno de éstos es el caso. 8 Lo que sí han generado esos grandes operativos es modificar la estrategia de cruce. Mientras que a finales del siglo XX los indocumentados cruzaban por San Diego, con la construcción de bardas y el fortalecimiento de la seguridad por California, el flujo migratorio mudó a Tucson, Arizona y Río Grande Valley, Texas. Ello ha derivado en una alza sustancial en el número de migrantes que mueren al tratar de cruzar las zonas desérticas entre México y Estados Unidos. Los números prácticamente se duplicaron entre 1998 y 2012, pasando de 263 a 463 muertos en la frontera sur. En Río Grande Valley, por ejemplo, se documentaron 26 muertes en 1998 y 150 en 2012. O lo que equivale a un crecimiento de 476%. La deportadización de la política migratoria De los aprehendidos, o arrestados por el Departamento de Seguridad Nacional por razones migratorias, son cada vez más los que son deportados a su país de origen. Mientras que en 2003 la diferencia entre aprehendidos y deportados (también llamados removidos debido a que tienen una orden de remoción previa) era de casi 850 mil personas, en 2012 fue apenas de 224 mil. Con Obama decir aprehensión es casi sinónimo de deportación. 3 7 Esta tendencia se robustece cuando vemos la diferencia entre personas que fueron removidas o regresadas a su país. De nuevo debemos enfatizar que la remoción (o deportación) implica una orden a priori por parte del gobierno que genera antecedentes criminales o administrativos, mientras que ser regresado no tiene esas implicaciones y simplemente deriva en el retorno inmediato al país de origen (i.e. alguien que está en el aeropuerto y no pasa migración). ¿Por qué nos importaría esta diferencia? Porque a diferencia de los que son simplemente regresados, el crecimiento en el número deportados implica, primero, que estamos ante un Estado que activamente está deportando a migrantes indocumentados que ya se encuentran (o se encontraban) radicando en su territorio; y segundo, que más migrantes tienen antecedentes que les pueden generar consecuencias criminales o administrativas si vuelven a cruzar la frontera hacia Estados Unidos (generando así un costo de oportunidad más alto de intentarlo de nuevo). 2 2011 fue el primer año, desde 1942, en el cual el número de migrantes removidos superó el de regresados. Para 2012, hubo 200 mil removidos más que regresados. De los removidos alrededor de 96% fueron de la región norteamericana (que incluye a México, Canadá, Centroamérica y el Caribe), de los cuales el 74% fueron mexicanos. Pasarte un alto hacia tu país de origen La pregunta que subyace en última instancia es cuántos migrantes fueron deportados, o removidos por ser criminales. Y de los que fueron deportados por haber cometido crímenes, ¿qué tipo de crímenes fueron? El artículo del NYT del domingo pasado revela información interesante sobre el tipo de crímenes que cometieron los deportados. Ellos comparan los últimos cinco años de la administración de Bush con los cinco años en los que Obama ha sido presidente y encuentran que se cuadriplicó el promedio de casos en donde la ofensa principal fue una violación de tránsito y se triplicó el promedio de casos en donde la ofensa fue entrar o regresar al país de forma ilegal. 4 Nosotros no tenemos datos del tipo de crímenes por los que fueron deportados los mexicanos. Lo que sí podemos concluir es que mientras la deportación de no criminales se mantiene estable desde 2009, el número de “criminales” deportados ha crecido brutalmente desde 2008… el año que Obama fue electo. Baste una comparación: en 2008 se deportaron a México a 77 mil 531 criminales, en 2012 la cifra llegó a 151 mil 018. Dato muy similar a lo que sucede con remociones totales. En México, ambos tipos de antecedentes muestran una tendencia positiva en los últimos años, lo que nos indica que si bien sí se están deportando a más criminales, no es cierto que se ha dejado de remover a los no-criminales. En específico, si comparamos los últimos cuatro años de Bush con los primeros cuatro de Obama vemos que entre 2009 y 2012 hubieron 291,531 casos más de criminales deportados, casi el doble que en el cuatrienio anterior. En cuanto al número de no-criminales deportados con Bush y con Obama, el incremento es de 84 mil 643 casos, menor pero revelador al ser positivo. 6 Siguiendo esta línea, en el caso de México bajo el mandato de Obama se han deportado 76% más criminales y 21% más no-criminales. Aunque Obama esté cumpliendo con su promesa de deportar a más ”personas que lastiman a su comunidad”, la parte de proteger a los “soñadores” o a los padres de familia que buscan alimentar a sus hijos, o por lo menos de no enfocarse en personas sin antecedentes criminales, no está siendo del todo ejecutada. En la definición de “criminal” entran casos de ofensas menores, desde aquellos de nivel 3 que implican penas menores a 1 año cárcel hasta, como ilustra la nota del New York Times, hasta violaciones de tránsito que por supuesto no implican pena corporal. El misterio de 1.4 millones de mexicanos En los últimos cinco años fueron deportados casi 1.4 millones de mexicanos, en su mayoría hombres menores de 35 años. Este número, que se aproxima a la población del estado de Quintana Roo, implica el regreso de una cantidad sustancial de mexicanos, todos ellos ahora con antecedentes criminales o administrativos a causa de su deportación, muchos con familias en Estados Unidos y que tienen que buscar la forma de rehacer su vida personal y laboral aquí en México. ¿Qué efectos ha tenido su regreso? ¿En dónde están? ¿A qué se dedican? ¿Qué efectos han tenido en efectividad de políticas públicas? ¿Qué presiones han implicado en el mercado laboral? Todo indica que juzgaremos a la política migratoria de Obama como una de mucho garrote y poca zanahoria. Queda saber cómo juzgaremos la recepción que México ha hecho de esos… sus millones de renovados habitantes.