Los jóvenes que México no verá envejecer

Por: Alexis Cherem (@Lexielex) y José Merino (@PPmerino) La esperanza de vida es uno de esos datos que sintetiza un universo de condiciones de vida; en un solo dato se amontonan los resultados del sistema público de salud, el acceso a benefactores básicos como alimentación, cambios en hábitos de vida (i.e. obesidad) y condiciones de riesgo externas: violencia, accidentes, o suicidios. En un segmento de la población mexicana se ha reducido la esperanza de vida debido justamente a esas causas externas: hombres entre 15 y 44 años. Esto, de suyo, es una tragedia, o como decíamos antes, es un amontonamiento de tragedias: miles de episodios de violencia, miles de tiros, miles de cuerpos. Esta es una brevísima historia de las historias de vida que no ocurrirán. 4 Hay, como esperaríamos, una relación negativa entre pobreza alimentaria y expectativa de vida, pero hay también casos que a primera vista parecen anómalos. Chihuahua tiene hoy la esperanza de vida en hombres más baja del país, mientras que comparativamente tienen una proporción baja de población en pobreza alimentaria. Algo similar ocurre con Baja California, Sinaloa y Durango. 2 3 Si México excluyera a sus cinco estados más violentos contra hombres jóvenes entre 2005 y 2011, la relación entre homicidios previos y esperanza de vida masculina en 2012 sería nula. Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Durango y Baja California llevan la relación a otro lado: a mayor tasa de homicidios de hombres jóvenes, menor es la esperanza de vida observada. Es una obviedad, pero una obviedad que merece ser expuesta: el crecimiento en violencia y su concentración en hombres jóvenes ha derivado en una reducción visible en la esperanza de vida masculina. 5 Hay un total de siete estados en los que la esperanza de vida de hombres decreció entre 2005 y 2011, y resultan ser justamente estados en los que la violencia explotó a partir de 2008: Tamaulipas, Sinaloa, Nayarit, Nuevo León, Durango, Coahuila y Chihuahua. No es una abstracción, entre 2005 y 2011 los hombres de Chihuahua perdieron 2.15 años de esperanza de vida; los de Nuevo León y Sinaloa, 1.03; los de Durango 0.76; los de Nayarit, 0.36; y los de Tamaulipas y Coahuila, 0.21. Este es un promedio que oculta los efectos específicos por rango de edad y causas. Hay varias razones potenciales para que la esperanza de vida promedio se reduzca: enfermedades transmisibles, enfermedades no transmisibles y causas externas. Entre 1999 y 2012, los hombres mexicanos de hecho ganaron en total 0.92 y 0.30 años de vida por las primeras dos causas, mientras que perdieron en total 0.15 por la tercera, que incluye suicidios y homicidios dolosos y culposos. Esta pérdida ocurre entre los 15 y 44 años de edad y es más dramática entre los 20 y 29 años. Por supuesto, la distribución espacial es divergente. Los hombres de Chihuahua perdieron un total de 4.4 años por causas externas, seguidos de los de Sinaloa que perdieron 2.3 y los de Nuevo León con una caída de 2. Esta es la suma de años perdidos por causas externas, en el promedio final esta caída se empata con las ganancias por mejoras en salud, para arrojar la pérdida total en años de vida esperados. Haciendo esta estimación, se perdieron 3.2 años de esperanza de vida en Chihuahua, 1.4 años en Sinaloa y 1.26 en Nuevo León. En total, en 13 estados de México las causas externas afectaron negativamente la esperanza de vida de los hombres: Colima, Coahuila, Chihuahua, Durango, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, San Luís Potosí, Sinaloa y Tamaulipas. Esto puede implicar una reducción en la esperanza total de vida, como en los tres casos del párrafo anterior, o un incremento menor al que se hubiese observado de no haber crecido la violencia, dado que las ganancias por el lado de salud superan a las pérdidas por el lado de la violencia. En promedio, en México entre 1999 y 2012 los hombres entre 20 y 24 años perdieron .088 años de vida por causas externas; mientras que los hombres entre 25 y 29 años perdieron .092 años. En 2010, había 4.2 y 4.8 millones en cada grupo. No es, por supuesto, una estimación exacta, pero este cálculo elemental daría un total de 814 mil años de vida perdidos. Es una pérdida de todos. La parte que pudo haber ocurrido de miles de historias de vida. La sumatoria de cosas que una vida aporta potencialmente y que no recibiremos. Son entornos inmediatos, comunidades, familias, amigos, colonias y ciudades, con un hueco que durará décadas. Justo del tamaño del total de jóvenes muertos, justo del tiempo que debieron seguir vivos.