Los municipios en los que la violencia ha caído sistemáticamente: ¿alguna lección?

Por: Jessica Zarkin (@jesszark) y José Merino (@PPmerino)

Hace un par de semanas escribimos un artículo sobre los 32 municipios en donde deberían estar sonando alarmas de fuego debido al incremento sostenido en su tasa de desaparecidos desde 2011. Entre ellos, por supuesto, estaba Iguala.

Hemos dedicado innumerables palabras a estudiar el porqué del incremento de violencia en este país e identificar patrones en los municipios en los que se ha incrementado. Lo que no hemos hecho es tratar de elucidar sobre las causas inversas. Identificar a los municipios con caídas consecutivas desde 2011, el año de mayor violencia en el país, municipios que eran más violentos que el promedio nacional antes y ahora se encuentran por debajo; y desde ahí, tratar de entender si hay ahí algún patrón, alguna lección que trasladas a otros.

¿Cuál es la anomalía en estos municipios, las altas tasas previas al 2011 o las bajas tasas posteriores? ¿Hay políticas para disminuir homicidios o las caídas son circunstanciales? ¿La causa es una estrategia explícita de autoridades o decisiones geográficas del crimen organizado?

Nuestro ejercicio: encontrar municipios que tenían una tasa de homicidios por encima de la nacional en 2011, por debajo en 2014 y donde ha caído sostenidamente la tasa desde 2011.

Esto para ver si existe algo, lo que sea, que explique la disminución en violencia, y que esperamos –siempre se vale pensarlo– pudiera ser replicable en el resto del país.

Yo tenía 30 municipios…

Aquí el primer acto de nuestra frustración.

30 municipios de 2 mil 457.

30 municipios concentrados en 15 estados de la República –cinco de ellos en Durango y cuatro de ellos en Chihuahua.

24 municipios si sólo nos quedamos con homicidios con arma de fuego.

Apenas 13 municipios si en lugar de homicidios vemos tasa de desaparecidos.

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Había un lugar llamado San Nicolás de los Garza

El único municipio donde cayeron la tasa de homicidios dolosos, la tasa de homicidios dolosos con arma de fuego y la tasa de desaparecidos simultáneamente fue San Nicolás de los Garza, Nuevo León.

Aun así, San Nicolás de los Garza no está entre los municipios donde la brecha entre la tasa de 2011 y 2014 fue mayor.

El primer lugar lo ocupa Aquiles Serdán (CHH) con una caída de 159 puntos seguido por Valle de Zaragoza (CHH) con una caída de 156 puntos y Acaponeta (NAY) con una caída de 91 puntos. Posiblemente debido a que por su tamaño poblacional, cambios pequeños en el número de homicidios, afecta sustancialmente la tasa.

Para que dimensionen, una tasa de 159 homicidios por cada 100 mil habitantes sería el equivalente a 183 mil mexicanos muertos.

En realidad, esas caídas significaron 11 homicidios menos en Aquiles Serdán, seis homicidios menos en Valle de Zaragoza y 30 homicidios menos en Acaponeta.

Los desplomes más colosales, en ese caso, más bien los encontramos en Guadalupe (NL), Durango (DGO), Cancún (QROO), San Nicolás de los Garza (NL), Delicias (CHH) y Valle Hermoso (TAM) donde asesinaron a 214, 169, 110, 92, 61 y 53 personas menos en 2014 que en 2011.

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¿La aleatoriedad de la disminución de violencia?

La dispersión geográfica de los municipios ya de entrada es algo problemático porque da pistas de que es poco probable que encontremos patrones o estrategias transversales que expliquen la caída en tasas de homicidios en los 30 municipios.

Por eso, en lugar de buscar algo que una a todos decidimos mejor concentrarnos en 10 que por su trayectoria de violencia valen la pena estudiar.

Estos son Acaponeta (NAY), Aquiles Serdán (CHH), Valle de Zaragoza (CHH), Santa Isabel (CHH), San Nicolás de los Garza (NL), Valle Hermoso (TAM), Canatlán (DGO), Nombre de Dios (DGO), Durango (DGO) y Nogales (SON).

Este no será un blog que dé respuestas claras y concisas. Aquí el segundo acto de nuestra frustración, después de investigar a fondo los municipios no sabemos mucho más de lo que sabíamos inicialmente y lo único que queda es lanzar hipótesis tentativas basadas en los casos estudiados.

Pero para ello, empecemos con dos casos que si bien no salen arriba, son los estandartes más citados de caídas en violencia: Ciudad Juárez y Tijuana.

Lo único que detuvo a Ciudad Juárez de entrar a la lista de 30 municipios es que cerrará 2014 con una tasa (de 29 homicidios por cada 100 mil habitantes) por encima de la tasa promedio nacional. Lo cierto es que sí observamos una caída sistemática en homicidios en este municipio a partir de 2010. ¿Cómo se logró? Factiblemente por la denominada Estrategia Todos Somos Juárez lanzada el 17 de febrero de 2010. Una estrategia que consistió en 160 acciones concretas para disminuir la violencia entre las cuales destacan: depurar policías, recuperar espacios públicos, incentivar la participación ciudadana, facilitar créditos, becas y programas de salud.

Tijuana, por su lado, no entró a la lista porque 2013 rompió con su tendencia a la baja en homicidios, pasando de 19 a 29 homicidios por cada 100 mil habitantes. Aun así hay cosas que rescatar en su periodo de tregua: el fin de la guerra entre los Arellano Félix y el Cártel de Sinaloa, la primacía del Cartel de Sinaloa, el arresto de Teo García y las acciones del exjefe de la policía Jesús Alberto Capella Ibarra.

Viendo Juárez y Tijuana, más los 10 municipios antes identificados, se nos ocurren un par de hipótesis que podrían estar explicando la caída en violencia

Ojo, no estaremos hablando de correlación o causalidad explicita, este es un ejercicio de mera elucubración.

  1. Cambios en la estrategia de seguridad del municipio (depuración de policías);
  2. Operativos militares;
  3. Plaza disputada a plaza monopolizada;
  4. Cambios en las rutas de trasiego de drogas;
  5. Salida de grupos del crimen organizado a zonas económicamente más redituables; y
  6. Caídas sustanciales en la población de mayor interés y vulnerabilidad para el narco (hombres jóvenes sin escolaridad).

Tijuana y Ciudad Juárez sin duda entran en la hipótesis de cambios en la estrategia de seguridad y cooperación con el gobierno federal. Lo mismo podemos decir de San Nicolás de los Garza y Guadalupe (NL).

En 2011 el Alcalde de San Nicolás, Carlos de la Fuente, cambió los mandos de seguridad (cinco de los nuevos mandos tenían carrera en el Ejército y dos en la Policía Federal de Caminos), aumentó la supervisión de los elementos policíacos e implementó nuevos procesos de depuración. Su objetivo: “disminuir el índice delictivo en nuestro municipio, dar una policía mucho más confiable y mucho más cercana a la comunidad de San Nicolás”. El cambio en política de seguridad le valió a San Nicolás la Acreditación Avanzada CALEA en noviembre de ese mismo año.

En el mismo año llegó a la Secretaría de Seguridad Pública de Guadalupe el Coronel Enrique Sanmiguel (antes jefe policiaco en Cancún). Sanmiguel, junto al director de la Policía, el Sargento Florencio Santos, depuraron la policía municipal, incorporaron al cuerpo policiaco ex militares y les dieron cursos de valores impartidos por pastores cristianos.

En el caso de operativos militares, quizás el ejemplo es el de Nogales, Sonora, sede de la 45 Zona Militar. De acuerdo a la Cuarta Zona militar incrementó 60% la efectividad de sus operaciones en contra del crimen organizado en Sonora y se establecieron fuertes operativos en el municipio fronterizo desde 2010, como el Operativo Boom y cuantitativos decomisos.

De los ocho municipios restantes no hay mucho más que decir. Tienen historias confusas de intervenciones, decomisos, disputa de plazas, caídas de bandas y enfrentamientos con el ejército.

¿Hay una política clara de autoridades o la varianza en violencia responde a dominación y decisiones del narco?

¿Se trata únicamente de depurar policías, de intervención militar o hay problemáticas de fondo que no estamos identificando claramente?

No tenemos aún nosotros respuestas claras. Asumimos que desde el gobierno federal se habrán realizado análisis más detallados y contundentes; cosa de encontrarlos… o no.