Marcado para morir

José MerinoJessica Zarkin Eduardo Fierro

Una marca, no encontramos mejor analogía. Detrás de la tasa de homicidios nacional en México, 25 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2011, hay una varianza brutal. Brutal por las diferencias, pero sobre todo por sus implicaciones: hay zonas del país en las que ser hombre, joven y con poca escolaridad es eso, una marca, un augurio de las peores cosas. El extremo de todas: morir asesinado.

Es cierto que en cualquier país del mundo los hombres y entre ellos, los jóvenes, están sobrerrepresentados en las estadísticas de homicidios.1 Así ha sido siempre en México también, pero desde 2007 el crecimiento de la violencia que tiene como objetivo a este grupo poblacional ha sido dramático. Entre 2007 y 2011 murieron en México 80 mil personas víctimas de homicidios. De éstas, 71 mil 875 eran hombres, y de éstos, 51 mil 566 tenían menos de 40 años. Visto de otro modo, en ese mismo periodo los homicidios totales en México crecieron en 161%; pero en hombres menores a 40 años sucedió en 194%. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), entre 2008 y 2010 en promedio, 76% de los homicidios reportados por países corresponden a hombres. En México esta cifra crece a 90%.

 

Aquí nos limitaremos a cuantificar lo que ya sabíamos luego de seis años (que sumarán siete) de miles de notas y relatos que tuvieron sistemáticamente como protagonistas los cuerpos inertes de hombres jóvenes. Creemos que cuantificar esos cuerpos cumple una función elemental e indispensable: ponderar nuestra pérdida.

¿A quiénes están matando?

Demos un paso atrás en el tiempo. Entre 2005 y 2011 se cometieron más de 100 mil homicidios en México. Si bien por sí sola es una cifra alarmante, ¿qué pasará si el todo lo separamos en partes? Para empezar, como decíamos anteriormente, 90% de los 100 mil asesinados son hombres. De éstos, cerca de 22% son jóvenes entre 18 y 25 años y 42% son adultos entre 26 y 40 años. Esto es: seis de cada 10 asesinados en México fueron hombres entre 18 y 40 años (ver gráfica 1).

Gráfica 1

Hay una diferencia abismal por género. Por supuesto, nadie desearía una equidad en las cifras, desearíamos eso sí, menos homicidios y eso pasa necesariamente por desear un decremento en los niveles de violencia sobre hombres jóvenes (a manos, factiblemente, de otros hombres jóvenes).

Hay, además, notorios contrastes por escolaridad. Detallando exclusivamente el caso de los hombres, encontramos que 12% de los hombres jóvenes asesinados —los que tienen entre 18 y 25 años— no tenían ni primaria completa y 32% no llegó a secundaria. En cambio, los hombres que completaron la universidad no representan ni el 4% de los hombres asesinados de 18 a 25 años, el 7% de los hombres de 26 a 40 años y el 11% de los mayores de 40 años. El patrón es muy claro: conforme aumenta la escolaridad observamos una disminución en homicidios de hombres (ver gráfica 2).

Gráfica 2

Por supuesto, estos porcentajes no nos dicen mucho si no vemos el tamaño poblacional por nivel de escolaridad. Para ello debemos ver las cifras en términos de tasas por cada 100 mil habitantes.2 En 2007 se cometieron 14 homicidios de hombres por cada 100 mil; para 2011, 37. En términos de violencia contra hombres, esto equivale a la diferencia entre Estonia y Kenia. En el caso de mujeres la tasa se movió de 1.8 a 4. Como siempre, la tasa de homicidios en hombres es mucho mayor a la de mujeres, pero como nunca, la brecha se amplió: en 2007 se registró lo siguiente: por cada homicidio de una mujer se cometían 7.8 homicidios de hombres; para 2011 el ratio fue de 9.3 (ver gráfica 3).

Gráfica 3

Ahora bien, sabemos que aumentó dramáticamente la tasa de homicidios de hombres en el periodo especificado, pero ¿qué es exactamente lo que está empujando este crecimiento? Son los homicidios asociados a un arma de fuego. Para ejemplificarlo tomemos dos cortes: 2007 y 2011. En 2007, 61% de los homicidios contra hombres se cometieron con un arma de fuego, para 2011 ese porcentaje ascendió a más de 72%.

Analizando ahora las tasas de homicidios por grupos de edad, si bien las trayectorias parecen ser las mismas que a nivel nacional, las proporciones son radicalmente diferentes entre todos los grupos. Muy por encima de cualquier grupo de edad y género, los hombres de 18 años en adelante tienen desde el año 2005 tasas superiores a los 20 homicidios por cada 100 mil habitantes (ver gráfica 4 y tabla 1).

Gráfica 4

Tabla 1.Tasas de homicidios por sexo y edad (2011)

  Hombres Mujeres
Menor a 12 años 1 1
12 a 17 años 13 3
18 a 25 años 58 6
26 a 40 años 65 5
Mayores de 40 años 34 4

Ilustremos: la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de los hombres entre 26 y 40 años pasó de 24 a 68; mientras que aquella de los hombres entre 18 y 25 años pasó de 18 a 60. Ocurre un patrón similar: los hombres entre 26 y 40 años muestran tasas de violencia mayores; pero el crecimiento ha sido mayor en los que tienen entre 18 y 25 años. En números absolutos, lo anterior significa que los homicidios entre hombres de 18 a 25 años pasaron de mil 387 en 2007 a cuatro mil 636 en 2011, mientras que para el mismo grupo de edad de mujeres pasaron de 168 a 468.

Nuestra pérdida: entre 2007 y 2011 murieron asesinados en México un total de 16 mil 524 hombres entre 18 y 25 años. El equivalente al aforo del Palacio de los Deportes en la ciudad de México (una comparación torpe pero ilustrativa).

Ellos, los prescindibles

Entre los hombres jóvenes —aquellos que tienen entre 18 y 40 años de edad— también hay claras tendencias por nivel de escolaridad. Lo primero que sobresale en las cifras por escolaridad es la tasa de homicidios entre hombres de 18 a 40 años sin primaria: más de 300 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Tomemos un momento para comprender a cabalidad lo que implica tener una tasa de más de 300 homicidios por cada 100 mil habitantes (por lo pronto, recordemos que la tasa promedio nacional en 2011 fue de 25). El país más violento del mundo, Honduras, tiene una tasa nacional de homicidios de 92 por cada 100 mil habitantes; en el caso sólo de hombres hondureños, la tasa es de 132. El país en el que viven nuestros hombres jóvenes que no lograron concluir su educación elemental es un país tres veces más violento que el país más violento del mundo. En contraste, los hombres entre 26 y 40 años que lograron terminar estudios universitarios tuvieron una tasa de homicidios en 2011 de 26. Un hallazgo doble, a mayor educación mucho menor violencia en hombres; pero incluso en ese grupo la distancia respecto a las mujeres es también enorme, la tasa de homicidios en mujeres con un título universitario es de 3.2 (ver gráfica 5 y tabla 2).

Gráfica 5

Tabla 2. Tasas de homicidios por sexo y escolaridad en personas de 18 a 25 años (2011)

  Hombres Mujeres
Menor a primaria 336 28
Primaria completa 127 9
Secundaria completa 66 6
Preparatoria o equivalente completa 33 4
Universidad o superior 13 3

En la población entre 18 y 25 años de edad, desde 2009 los hombres sin primaria completa han mantenido una tasa superior a 300 homicidios por cada 100 mil habitantes. De forma impresionante, de 2007 a 2011 la tasa de homicidios casi se duplicó, al pasar de 173 homicidios a 335 homicidios por cada 100 mil habitantes. En segundo lugar de tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes encontramos a los hombres de 18 a 25 años con primaria terminada. Entre ellos, los homicidios por cada 100 mil habitantes superaron los 100 desde 2010, creciendo 234% de 2007 a 2011.

Marcado para morir

Cabe hacer una anotación aquí. Las tasas de homicidios ponderan la violencia dado el tamaño poblacional. Los hombres entre 18 y 25 años con una educación máxima de primaria completa son relativamente pocos: del total de 7.8 millones de hombres entre 18 y 25 años en México, apenas 1.3 millones tienen un máximo de escolaridad de primaria. Estos jóvenes con baja escolaridad representan 17% del total poblacional de hombres entre 18 y 25 años, pero 44% del total de homicidios. Son ellos, a los que parecemos decir: son prescindibles.

Entre las mujeres, al igual que en los hombres, el grupo poblacional con la tasa más alta de homicidios por cada 100 mil habitantes son las que no terminaron la primaria. La tasa de homicidios entre las mujeres de 18 a 25 años con escolaridad menor a la primaria terminada pasó de 15.5 en 2007 a 27.6 en 2011.

Hablemos de promedios: el único grupo de mujeres que tiene una tasa de homicidios superior al promedio nacional son aquellas jóvenes entre 18 y 25 años sin primaria terminada; mientras que el único grupo de hombres con una tasa de homicidios inferior al promedio nacional es el de jóvenes de 18 a 25 años con un título universitario (ver gráfica 6 y tabla 3).

Gráfica 6

Tabla 3. Tasas de homicidios por sexo y escolaridad en personas de 26 a 40 años (2011)

  Hombres Mujeres
Menor a primaria 279 20
Primaria completa 86 6
Secundaria completa 65 5
Preparatoria o equivalente completa 59 6
Universidad o superior 26 3

¿En dónde los están matando?

Una de las características que los datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SINAIS) es que nos permite analizar el lugar de ocurrencia de los homicidios. Para sorpresa de pocos, entre 2007 y 2011 el gran incremento ha sido por homicidios cometidos en vías públicas, como calles y carreteras.

También para sorpresa de pocos, hay una gran diferencia por género. Por ejemplo, en el grupo entre 18 y 40 años, en el caso de hombres, 6.5% del total de homicidios ocurrieron en una vivienda, contra 63.3% que ocurrieron en la calle. En contraste, en el caso de mujeres, 20.5% ocurrieron en vivienda contra 47.7% en la calle.

Así, analizando los homicidios totales por escolaridad en los hombres entre 18 y 40 años, el gran incremento en el número de homicidios ha ocurrido en las vías públicas. Incluso, en el año 2011, los homicidios de hombres con un título universitario en vías públicas fue superior a los homicidios de cualquier otro grupo asesinado al interior de una vivienda (ver gráfica 7).

Gráfica 7

A vista de todos, entre 2007 y 2011 los homicidios totales de hombres en la vía pública crecieron en 248% (de dos mil 317 a ocho mil 72), mientras que aquellos cometidos en una vivienda lo hicieron en apenas 2.8% (de 810 a 833).

Intuitivamente, y por información a la que estamos expuestos todos los días, sabemos de antemano que la tasa de homicidios por cada 100 mil hombres jóvenes no debería de ser la misma para todos los estados de la República. En ese sentido, los cinco estados con las tasas más altas de homicidios de hombres entre 18 y 25 en 2011 son: Chihuahua (336); Sinaloa (197); Nayarit (144); Guerrero (144); Nuevo León (129). En contraste, los cinco estados con las tasas más bajas para este mismo grupo son: Yucatán (3.4); Chiapas (4); Baja California Sur (4.3); Campeche (6.6) y Tlaxcala (14.4).

Un joven entre 18 y 25 años en Chihuahua vive en un entorno con niveles de violencia contra hombres 2.5 veces mayores a Honduras; mientras que un joven en Yucatán vive en un lugar con niveles de violencia contra hombres similares a Finlandia (ver gráfica 8).

Gráfica 8

Veamos detalles. En Chihuahua, en 2008 hubo 90 homicidios contra hombres de 18 a 25 años con escolaridad menor a primaria terminada. Si la población de hombres de 18 a 25 años sin primaria completa en Chihuahua es de cuatro mil 29 hombres, esto significa que tuvieron una tasa de dos mil 234 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2008: 2.2% de los hombres jóvenes con bajísima escolaridad.

Otro ejemplo dramático es el de Sinaloa. En 2011 se registraron 33 homicidios entre este mismo grupo de hombres cuya población era de dos mil 732 en 2010, lo que se refleja en una tasa de homicidios de mil 208.

En contraparte, tenemos a Yucatán. En 2007 y 2008 no hubo un solo homicidio entre los hombres con estas características, y de 2009 a 2010 hubo un total de dos homicidios entre una población estimada (en 2010) de mil 915, lo que se refleja en una tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes de 52.

Más allá de quedarnos en un análisis a nivel estatal, entre todos los hombres, de todos los grupos de edades y todas las escolaridades, Juárez, Chihuahua, fue el municipio con el mayor número total de homicidios entre 2007 y 2011: un total de seis mil 448 hombres asesinados; de éstos, cuatro mil 897 tenían entre 18 y 40 años; y de ellos, dos mil 263 tenían como máximo de escolaridad primaria terminada.

Lo dicho: una marca, un augurio de las peores cosas.

La historia de cinco jóvenes

A 65 kilómetros al este de Ciudad Juárez se ubica Praxedis Guerrero, el municipio más violento de México. Con apenas cuatro mil 568 habitantes pero con 93 homicidios acumulados entre 2007 y 2011. Para ponerlo en perspectiva, si el Distrito Federal tuviese un nivel similar de violencia, hubiese acumulado 170 mil homicidios en el mismo periodo.

Había en Praxedis Guerrero, en 2010, dos mil 384 hombres, de los cuales 294 tenían entre 18 y 25 años. Entre 2007 y 2011 asesinaron a 29 hombres en ese rango de edad. Dado que los datos poblacionales desagregados sólo los podemos obtener del censo 2010, lo que estos datos nos dicen en realidad es que en 2010 quedaban 294 jóvenes entre 18 y 25 años, pues entre 2007 y 2010 asesinaron a 26. Para mayor claridad: asesinaron a 8% del total. Una brutalidad. En el agregado nacional, usar datos poblacionales de 2010 no hace gran diferencia, pero en un lugar tan pequeño y tan violento, cambia la historia.

El censo contó en 2010, en Praxedis Guerrero, un total de tres jóvenes entre 18 y 25 años con un nivel de escolaridad inferior a primaria. Había cinco el año anterior, a dos los mataron.

José MerinoJessica Zarkin Eduardo Fierro. Politólogos. Son miembros de Data4.mx

Para acceder a los datos utilizados, consultar la siguiente liga: https://www.dropbox.com/sh/hc7m1jxnjpdck8n/1SLz6LuhZJ


1 Para revisar tasas de homicidios por sexo en el mundo, entrar a http://www.unodc.org/unodc/en/data-and-analysis/homicide.html 
2 Para estimar las tasas de homicidios por subgrupo poblacional, usamos los datos del censo 2010, dado que es la única fuente que nos permite tal desagregación. Esto es importante dado que implica usar el mismo valor para todos los años, y ello implica subestimar marginalmente las tasas previas a 2010 y sobreestimar marginalmente las de 2011.