Michoacán en datos (parte I): dos décadas de violencia

José Merino (@PPmerino), Eduardo Fierro (@EDUFIERRO) y Jessica Zarkin (@jesszark)

Si en 2012 Tierra Caliente hubiera tenido la tasa de homicidios que tuvo en 1990, habrían sido asesinadas 424 personas… murieron poco más de 100.

Por supuesto, en 1990 con una población mucho menor (lo que explica las diferencias en las tasas por cada cien mil habitantes que observas en el primer gráfico).

Y entonces uno se pregunta qué ha colocado a Michoacán en el centro de nuestra discusión sobre la violencia y el control por parte del Estado mexicano del territorio, el michoacano y el resto. No es una cuestión cuantitativa, es un tema cualitativo. La violencia, como observarás, no es algo nuevo en Michoacán, lo nuevo hoy es el tipo de violencia y su reacción a ella. Lo nuevo hoy son los grupos de autodefensa: ciudadanos que, al menos discursivamente, se organizan para recuperar el control de municipios en los que el Estado mexicano ha fallado.

Fueron cuerpos acumulados, cierto, pero sobre todo fueron las pautas arbitrarias, el cobro de piso, el menoscabo a la libertad y las violaciones masivas por parte de los Caballeros Templarios que llevaron al levantamiento en armas.

Lo que buscamos en este primer texto (en un par de días haremos un análisis de la violencia antes y después de las autodefensas), es poner en contexto la situación michoacana para poder luego estudiar el impacto de los grupos de autodefensa. Se trata de crear un poco de memoria histórica para alejarnos de los miles de periodicazos y discursos oficialistas que parecen ignorar lo obvio (y necesario de explicitar): Michoacán (y otras entidades) acumulan al menos 23 años de violencia.

Michoacán, como te comentamos antes, era casi 2 veces más violento a principios de los años 90 que lo que es hoy. Llegó a tener una tasa de 34.7 homicidios por cada 100 mil habitantes en 1992 (su más alta en las últimas casi tres décadas), contra una tasa de 18.4 en 2012.
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Desde esa óptica, pensarás, debimos tener en el radar a Michoacán desde hace 23 años. Y por lo menos se debió de haber prendido un foco rojo en 2006, año en el que repuntó la violencia en el estado, en contra de una tendencia nacional a la baja. Mientras que Michoacán tuvo una tasa de homicidios promedio de 13 por cada 100 mil habitantes para los años entre 1998 y 2005, para 2006 ésta se disparó diez puntos.

Es más, en 2006 la tasa estaba catorce puntos por encima de la tasa nacional y prácticamente igual a la que México alcanzó en 2011, el año más violento del sexenio de Felipe Calderón.

No fue hasta 2010 que la tasa nacional de homicidios sobrepasó por primera vez la tasa de Michoacán. Mientras que México se volvía más violento, Michoacán iba, otra vez, contra-corriente.

Estas diferencias entre la realidad de un país y la realidad de un estado se vuelven aún más palpables si nos enfocamos exclusivamente en los municipios de Tierra Caliente.
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Los municipios en Tierra Caliente iniciaron 2006 con una tasa promedio de homicidios 3 veces más alta que el resto de los municipios del estado; esta era de casi 60 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Ese año los michoacanos de Tierra Caliente vivían en un nivel de violencia equivalente a El Salvador.

Más aun, los municipios de Tierra Caliente que hoy han sido tomados por grupos de autodefensa fueron durante el sexenio de Felipe Calderón (excepto 2007) y desde los años 90, más violentos que sus homólogos. Claramente las autodefensas no se distribuyen aleatoriamente dentro del estado… pero aún así, flota la pregunta ineludible: ¿Por qué observamos autodefensas en Michoacán y no en entidades más violentas, como Sinaloa, Durango o Chihuahua?

La buena noticia, si es que la hay, es que si vemos 2012 parece que los niveles de violencia empiezan a converger entre los distintos tipos de municipios. Lo malo es que necesitamos esperar los datos de homicidios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) para 2013 para ver si sí es el caso. Por lo pronto, en un par de días analizaremos los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

Quizás lo más revelador de todo esto es que sólo 5 de los 18 municipios (Buenavista, Coahuayana, Cherán, Chilchota y Paracho) tomados por grupos de autodefensa, tuvieron una tasa promedio anual de homicidios mayor entre 2011 y 2012 que entre 1991 y 1995. Esto, de suyo, nos parece un hallazgo.

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Apatzingán, por ejemplo, tuvo una tasa promedio de 100.2 homicidios por cada 100 mil habitantes a principios de los años 90 y cerró 2012 con una tasa de 60.5. Muy similar es el caso de Aquila (117.4 a 62.3) y Churumuco (113.9 a 6.85).

Vertical

Entonces ¿qué podemos concluir? Que la violencia no se reduce al número de muertos, que la arbitraria y violenta presencia del crimen organizado permea en la vida rutinaria y cooperativa de los pueblos, que despojan a sus pobladores del sentido más elemental de certeza y seguridad vía extorsiones, secuestros y violaciones. Que es eso lo que factiblemente llevó a los civiles a armarse y, en última pero repetida instancia, al gobierno federal a actuar.

En un par de días seguimos.