¿Por qué desaparecieron miles de mexicanas y mexicanos?

Por: José Merino (@PPmerino) y Jessica Zarkin (@JessZark)

Hace más de un año, en febrero del 2013, nos dijeron desde la Secretaría de Gobernación que en el sexenio de Felipe Calderón desaparecieron poco más de 27 mil personas. El gobierno en turno publicó apresuradamente una base que le era ajena, sin procesar o depurar, proveniente de las procuradurías estatales durante la administración anterior. Días después el secretario de Gobernación tuvo que salir a decir que la cifra iba a “bajar muchísimo”. La base ya depurada, entendemos, terminó en 13 mil registros de desaparecidos correspondientes al sexenio anterior (aunque los cálculos del secretario siguen sin estar del todo claros). Los optimistas, entre ellos nosotros, anhelábamos este momento. Creímos que finalmente podríamos analizar certeramente la relación entre desapariciones y demás mediciones de violencia. Conocer cuántos mexicanos están desaparecidos, en dónde, de qué género y qué edades. Cuidando, por supuesto, información personal. Este país necesita esa información para dimensionar y entender su tragedia.Es, en todos los sentidos posibles, información de interés público. Pero, para sorpresa de pocos, la revelación verbal de la nueva cifra depurada no incluyó publicar la nueva base de datos. Estamos pues negados a diagnosticarnos. Ello nos deja parados en exactamente el mismo punto en el que estábamos hace un año. Lo único que tenemos es una base de datos extremadamente sucia en la que encontramos personas sin sexo, desaparecidos de principios del siglo XX y menos de 10% del total con un folio de registro. Y ni hablar del ruido que meten los registros del Distrito Federal. Con los datos a la mano de delegaciones como Cuauhtémoc e Iztapalapa, que tienen números acumulados altos de desaparecidos entre 2006 y 2011, 906 y 619 respectivamente, y además presentan datos altos de homicidios con arma de fuego y ejecuciones asociadas al crimen organizado (alrededor de 400 homicidios con arma de fuego y 150 ejecuciones). El estado de los datos nos hace imposible la tarea de tratar de explicar el fenómeno de desaparecidos durante el sexenio de Felipe Calderón. En este blog no se arrojarán conclusiones, nuestra intención es simplemente explorar la base de datos no depurada, y encontrar ahí preguntas que evidencien la urgencia de publicar los datos depurados. Mujeres y hombres, dos patrones distintos Usando una base de datos que descarta casos abiertamente anómalos, nos quedamos con una base de datos con 18,644 observaciones: 10,823 hombres y 7,821 mujeres. Patrones hay, incluso entre tanta incertidumbre, y el más claro es la diferencia por género. Para empezar, 500 municipios reportaron al menos una mujer desaparecida, contra 686 municipios con al menos un hombre desaparecido. Las mujeres desaparecen más jóvenes –4 de cada 10 mujeres desaparecidas tenían menos de 17 años, mientras que en hombres, la cifra fue de 3.2 – y su geografía es distinta a la de los hombres. En apenas 227 municipios de la República desaparecieron más mujeres que hombres. Encabezan la lista Ciudad Juárez, Iztapalapa, Cancún, Guadalajara y Tlajomulco de Zúñiga, con 185, 130, 108, 84 y 77 más mujeres que hombres en el periodo 2006-2011, respectivamente. MapaM Los municipios con las tasas más altas de mujeres desaparecidas de 12 a 17 años entre 2006 y 2011 incluyen Mina, Nuevo León; Reyes Etla, Oaxaca; Benito Juárez, Quintana Roo; San José de Gracia, Aguascalientes, y Santa Apolonia Teacalco, Tlaxcala. Todos con tasas mayores a 300 por cada 100 mil habitantes. ¿Qué podemos observar en el mapa y los datos? Que la desaparición de mujeres encuentra tres concentraciones (respecto a hombres): Quintana Roo, Tlaxcala y un corredor que incluye Jalisco-Aguascalientes-Zacatecas. Santa Apolonia Teacalco, por ejemplo, se ha denunciado como pueblo originario de víctimas de trata, se ha sospechado de redes de trata de blancas en Cancún y, del mismo modo, se ha denunciado la desaparición de mujeres en las zonas de Jalisco colindantes con Zacatecas y Aguascalientes. MapaH En contraste, los cinco municipios con una diferencia más grande en hombres desaparecidos respecto a mujeres son: Matamoros (+440), Culiacán (+363), Nuevo Ladero (+251), Durango (+181) y Mazatlán (+144). ¿En dónde están localizados estos municipios? En zonas que ya conocíamos como violentas desde el sexenio anterior. En total, 49% de las mujeres desaparecidas se concentran en 20 municipios, contra 45% de hombres. ¿Las desapariciones se asocian con violencia? Las similitudes en patrones geográficos entre presencia del crimen organizado y hombres desaparecidos perduran incluso en un análisis estadístico básico. Controlando por población y ejecuciones asociadas al crimen organizado,encontramos una relación significativa y positiva entre desaparecidos y homicidios con arma de fuego en un mismo municipio para diferentes rangos de edad. No pretendemos afirmar que se trata de un análisis causal; nuestra intención es simplemente empatar desapariciones por género y edad con homicidios con arma de fuego para el mismo grupo poblacional. De ese modo, el análisis deja muchos espacios en blanco. Primero, porque de entrada nada nos asegura que quienes desaparecen en el municipio “A” también son asesinados ahí. Puede perfectamente suceder que las personas desaparecen en ciertos municipios y sus cuerpos puedan aparecen eventualmente en otros (esta hipótesis la exploramos en un trabajo aún sin publicar sobre violencia y carreteras federales). Segundo, porque hay un sinnúmero de municipios anómalos que no entran en el patrón y de los que podemos hablar poco dada la calidad de los datos. Por ejemplo, Ciudad Juárez sumó 5,797 homicidios con arma de fuego contra hombres entre 2006 y 2011, y apenas 23 hombres desaparecidos. Del mismo modo, Tijuana reportó 2,363 hombres asesinados con arma de fuego, y apenas 31 desaparecidos. Siguen esta misma tendencia, Chihuahua; Acapulco; Cuernavaca y Tepic. En sentido contrario, hay municipios que reportan más desaparecidos que homicidios contra hombres con arma de fuego, por ejemplo: Matamoros (131 homicidios contra 558 desaparecidos), Reynosa (26 vs 150), Tlajomulco de Zúñiga (9 vs 82), Piedras Negras (20 vs 73) y Monclova (8 vs 50). Simulando cambios en desaparecidos sobre homicidios con arma de fuego por rangos de edad encontramos que la relación es mucho más intensa entre los hombres de 26 a 40 años (2.06 homicidios por 1 desaparecido, significativo al 95%), seguido por hombres de 18 a 25 años (1.34 homicidios por cada desaparecido, significativo al 95%) y hombres mayores de 40 años (1.34; al 99%). 1 En el caso de las mujeres, como habíamos mencionado antes, la relación, aunque significativa, es mucho menor. Por ejemplo, en el caso de mujeres entre 18 y 25 años, hay .10 homicidios con arma de fuego en ese grupo por cada desaparecida (al 99%), y en el caso de mujeres entre 26 y 40 años la relación no es significativa. Por comparación, si graficamos la relación en el caso de mujeres usando los valores de los ejes de las gráficas de hombres, el efecto es casi imposible de ver, lo que de nuevo nos da pistas sobre la diferencia abismal entre ambos fenómenos. 2 3 Es más, podemos observar que entre mayores son los hombres y las mujeres, la pendiente en las gráficas se suaviza. Lo que simplemente refleja un aumento sustancial en el número de municipios que tienen más hombres que mujeres desaparecidos conforme aumenta la edad. Scatter ¿Para cuándo la base, señor secretario? El objetivo de estos ejercicios no fue en lo absoluto salir a dar explicaciones irrefutables sobre el caso de los desaparecidos del sexenio de Felipe Calderón. No realizamos un análisis estadístico que nos lo permita, y sobretodo, no contamos con una base de datos confiable. Nuestra exploración, no obstante, nos llevó a identificar una concentración geográfica diferenciada entre hombres y mujeres, unos en zonas de alta violencia, otras en zonas que se han relacionado con trata de personas. Viendo la relación estadística entre homicidios con arma de fuego por grupo de género y edad, pudimos ver también una asociación más clara y alta en el caso de hombres a partir de los 18 años. Estos hallazgos preliminares lanzan más preguntas que respuestas. ¿Qué ha pasado con las mujeres reportadas como desaparecidas en las zonas que identificamos? ¿Cuántos hombres permanecen como no-localizados en zonas de alta violencia del país? ¿Cuál es la distribución geográfica y sociodemográfica de quienes permanecen en la lista de desaparecidos? Lo menos que nos merecemos después de ocho años de violencia en el país es tener un diagnóstico claro de este otro lado de nuestra tragedia. ¿Cómo podría un país voltear el rostro frente a 13 mil desaparecidas y desaparecidos heredados del sexenio anterior? Ya tenemos pistas, lo que resta es tener la evidencia correcta. ¿Para cuándo la publicación de la base de datos depurada, secretario Osorio Chong?   Nota Metodológica Las fuentes utilizadas incluyen: SINAIS, SEGOB, SNSP e INEGI. En esta siguiente liga está disponible la base de datos, el programa de análisis y los resultados de las regresiones por Mínimos Cuadrados Ordinarios (coeficientes, r2, errores estándar).